Bélgica se quedó a las puertas de su primera final de Copa del Mundo por un gol de diferencia. Los Diablo Rojos igualaron la participación del Mundial de México de 1986, donde cayeron ante Argentina en semifinales, y ahora pueden superarla gracias al partido por el tercer y cuarto puesto. Por aquel entonces cayeron a la cuarta plaza tras ser ganados por Francia -precisamente- en un 2-4 tras prórroga. Sin embargo, hablemos del partido de ayer, de aquel Francia 1-0 Bélgica de semifinales.

“Prefiero perder jugando como esta Bélgica que ganar como esta Francia”, declaró Eden Hazard al micrófono de RTBF tras el partido. “El equipo francés ha jugado siempre igual desde que llegó Deschamps. Puede que no juegue bien con la pelota, pero se defiende bien y son efectivos. Nosotros no encontramos el ritmo, no encontré la pequeña chispa para marcar gol. Estuvimos bien durante los 90 minutos pero teníamos el control del juego sin ser peligrosos. Podríamos haberlo hecho mejor y no lo hicimos. Pero no debemos tirar todo a la basura. Hemos visto un equipo muy bueno de Bélgica hoy”.

Estas declaraciones de Eden Hazard tras la derrota seguramente resuman el partido y el sentimiento global de muchos belgas. De todos, quizás. Ayer estuve viendo el partido en una terraza de Madrid con un amigo belga, periodista, que se encontraba en España para hacer un reportaje. Ya antes de empezar me dijo que estaba tranquilo, que Bélgica había hecho la mejor Copa del Mundo de su historia y que seguramente el partido ante Brasil había sido la mejor victoria del país en un torneo de fútbol internacional. El trabajo estaba hecho. Sin embargo, a dos partidos de ser campeones del Mundo por primera vez, era imposible no plantear el ”Y sí…”. Llegados a este punto, había que intentar ganar, por supuesto.

Roberto Martínez sorprendió sobremanera con el esquema inicial. Sobre el papel mantenía su dibujo clásico, el 1-3-4-2-1 con el que había venido jugando los últimos dos años. Sin embargo, la entrada de Mousa Dembélé por el sancionado Thomas Meunier alteraba a lo que habitualmente venía jugando Bélgica. Salía -por obligación- un jugador de banda con mucha profundidad ofensiva para que entrara un centrocampista que apuntalara el mediocampo y peleara el dominio del centro del campo y del balón con el Pogba-Matuidi-Kanté de Deschamps.

Finalmente, el esquema tornaba cierta similitud al que se vio ante Brasil. Dembélé se metía al centro y Chadli ocupaba la posición de lateral derecho, con Vertonghen en la banda izquierda en fase defensiva y Eden Hazard actuando en el carril izquierdo en ataque. Una defensa de cuatro y Hazard destinado única y exclusivamente a hacer la vida imposible a Pavard. Era el plan de Roberto Martínez.

Los primeros 30 minutos de Bélgica fueron buenos. Reaccionó al dominio inicial francés y se hizo con el dominio de la pelota. ”Creo que ninguno de los dos quiere tener el balón”, me comentaba mi acompañante. Y así era. Ambos conjuntos vivían más cómodos sin la posesión de la pelota, intentando buscar el contragolpe y la velocidad de sus hombres de arriba. Francia con Mbappé y Bélgica con De Bruyne-Hazard-Lukaku. Era un encuentro cerrado, demasiado igualado, con dos equipos con las ideas muy claras y que se decidiría con un detalle. Así fue. En el segundo tiempo, un cabezazo de Samuel Umtiti a la salida de un córner determinó la balanza a favor de Francia. Era el 1-0. Y sería definitivo.

“Tuvimos un buen comienzo en la segunda mitad, pero el gol cayó cuando mejor estábamos en el partido. Era un partido de empate, si nosotros hubiéramos hecho el primer gol… Todo hubiera sido diferente. No puedo pedir más a mis jugadores hoy, nos vamos del campo con la cabeza levantada. La decepción es obviamente muy grande, pero tenemos que tratar de eliminarla, nos queda un partido y queremos terminar la Copa del Mundo con una nota positiva. Mis jugadores no merecen irse a casa con un sentimiento negativo”, explicó Roberto Martínez en rueda de prensa tras el partido. La sensación era doble. Por un lado, Bélgica había hecho la mejor Copa del Mundo de siempre y la hinchada estaba orgullosa de estos Diablos Rojos; por otro, la decepción, Francia no había sido mejor y la primera y única Copa del Mundo de la historia de Bélgica se escapaba.

Vincent Kompany expresó el sentimiento de toda Bélgica tras el partido“Felicidades al ganador, un plan es un plan y lo hicieron hoy. Estuvo muy cerca, fue una cuestión de detalles… El campeón del mundo probablemente no sea mejor que nosotros, y debemos confiar en los siguientes torneos, como país y como equipo”. Sobre el futuro de los Diablos Rojos -que muchos podrían, o podríamos pensar, acaba aquí- ha hablado Jan Vertonghen: ”Este grupo realmente merecía más. Este equipo definitivamente puede continuar, y creo que estos jugadores todavía pueden jugar dos torneos más”.

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Tras el partido, Eden Hazard participó de una charla en la RTBF, la principal televisión belga, para dar explicaciones al público y expresarse como capitán de los Diablos Rojos:No hubo muchas palabras en el vestuario, hay mucha tristeza porque merecíamos algo mejor. Esperábamos un partido así, con Francia defendiendo bien y buscando el contraataque. Estoy muy orgulloso de haber sido parte de este Mundial y este equipo, Bélgica, ha demostrado tener muy buenos jugadores e incluso si estamos decepcionados, podemos estar contentos con lo que hemos hecho. Como capitán, estoy muy contento de haber jugado con este grupo”.

Al final, más allá de la decepción evidente por haberse quedado tan cerca de ganar la Copa del Mundo, la sensación reinante en Bélgica es el orgullo sobre este grupo de jugadores.

Bélgica, un país de apenas 11 millones de habitantes, ha podido entrar de lleno en el panorama futbolístico mundial gracias la buen trabajo hecho los últimos 20 años desde las categorías inferiores. Ahora, y pensando ya en la próxima Eurocopa, serán favoritos desde el primer minuto. Y eso es un gran triunfo para el fútbol belga.