Bélgica llegaba a la Copa del Mundo de Rusia 2018 con la necesidad de demostrar que es una selección consolidada y candidata al título final. Con una de las mejores generaciones de su historia, debían empezar a presentar desde el primer partido sus credenciales y puntos fuertes.

Para este primer partido ante Panamá, Roberto Martínez formaba con el once esperado. Sin Thomas Vermaelen ni Vincent Kompany por problemas físicos, el técnico español formaba con Dedryck Boyata, central del Celtic de Glasgow y ex del Manchester City, debido a su corpulencia y capacidad física, además de su consistencia en el juego aéreo. El resto, los esperados.

En los primeros minutos, la selección de Roberto Martínez salió en tromba contra la portería de Jaime Penedo y consiguió inquietar en dos o tres ocasiones la meta panameña. Sin embargo, tras unos primeros diez minutos esperanzadores volvieron los fantasmas sobre el juego de Bélgica.

Los Diablos Rojos se atascaban contra la defensa de Panamá, que, sin embargo, no mostró una actitud tan defensiva como se pudiera esperar, saliendo bien al contragolpe e incluso consiguiendo forzar algún corner y jugada de peligro en área rival. Aun así, Bélgica era superior y tenía el dominio del juego. En ocasiones, los diez jugadores de campo de Bélgica estaban presentes en el campo rival pero no se lograba crear superioridad en ataque más allá de que Eden Hazard cogiera la pelota y consiguiera enhebrar alguna maravillosa jugada.

Witsel se mostraba ineficaz ante un equipo como Panamá, que entrega la pelota descaradamente, donde lo primordial es tocar el balón con velocidad para conseguir crear una jugada de peligro. De Bruyne se encontraba demasiado solo en el inicio de jugada y era él el que tenía que elaborar absolutamente todo. Demasiado predecible. Se podría decir que Panamá tuvo una primera parte excesivamente cómoda para lo esperado.

Más allá de los arranques de Eden Hazard, muy por encima del nivel del resto de sus compañeros, y alguna aparición de Dries Mertens, Bélgica mostró muy poco antes del descanso. Roberto Martínez tenía que reaccionar.

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Tras el descanso llegó al acción que rompió el partido. Después de una serie de rechaces, Dries Mertens cazó un balón en la esquina derecha del área y coló una volea en la portería, justo en el ángulo contrario, anotando uno de los mejores goles de lo que llevamos de Mundial. Era el 1-0 y Panamá veía como todo su esfuerzo quedaba en el suelo.

No fue hasta el minuto 70 cuando Bélgica volvió a golpear. Dos zarpazos de Romelu Lukaku -que se sigue distanciando como máximo goleador histórico de Bélgica, con 38 tantos- colocaron el 3-0 definitivo, el primero tras una magnífica asistencia de Kevin De Bruyne con el exterior de la bota.

Pese a ganar, Bélgica demostró sus carencias. Hay poderío ofensivo en los Diablos Rojos, eso es incuestionable. Sin embargo, tienen que aparecer más De Bruyne y Hazard. El futbolista del Manchester City y el del Chelsea estuvieron aislados e intermitentes. Muy irregular la selección de Roberto Martínez. 

Es obvio que Bélgica gozará de mayor libertad y comodidad sobre el terreno de juego ante una selección grande, que no le entregue el balón de forma descarada, pero el próximo sábado se enfrentará a un rival muy incómodo: Túnez. Como ya demostraron los norteafricanos en el amistoso ante España, son un equipo que es capaz de juntar mucho sus líneas y defender de forma muy ordenado. Es muy complicado hacerles daño. Bélgica, de nuevo, sufrirá.